©Ariadna Arnes
Recientemente ha publicado ‘Cambia tu vida con Jane Austen’, Una guía emocional para vivir con amor, valentía y libertad
Hola, Carla, bienvenida a nuestra revista. Recientemente has publicado Cambia tu vida con Jane Austen, ¿qué te inspiró a escribir este libro?
Este libro nace en un momento de profunda desolación personal. No fue una idea estratégica ni un proyecto calculado: fue una necesidad. Volví a leer a Jane Austen buscando consuelo, como quien vuelve a una casa conocida cuando todo lo demás se tambalea. Y me di cuenta de que, más allá de las historias de amor, Austen ofrecía una forma de mirar la vida: lúcida, irónica, profundamente humana. Escribir este libro fue una manera de ordenar lo vivido y de compartir una certeza íntima: la literatura puede acompañarnos de verdad.
¿Cuál fue tu primer contacto con las obras de Jane Austen y qué impacto tuvieron en tu vida?
Llegué a Austen muy joven, casi como se llega a una promesa romántica. Pero fue en la madurez cuando la entendí de verdad. Sus novelas me enseñaron que sentir mucho no es un defecto, que pensar no está reñido con amar y que la dignidad personal es una forma de valentía silenciosa. Su impacto ha sido constante, pero distinto en cada etapa de mi vida. Jane Austen no hablaba de amor: hablaba de libertad, del coraje de ser una misma.
Austen no escribió solo sobre el amor: escribió sobre cómo tomamos decisiones, sobre cómo nos condiciona el entorno y sobre el precio de ser fiel a uno mismo
¿Por qué crees que la figura de Jane Austen sigue tan vigente hoy en día?
Porque habló de lo que no pasa de moda: las relaciones de poder, el deseo de ser vista, la presión social, el miedo a equivocarse y la necesaria separación e interrelación entre el ‘yo’ y la sociedad. Austen entendió algo muy moderno: que la verdadera revolución es interna. Y eso conecta profundamente con una sociedad cansada, autoexigente y hambrienta de sentido.
¿Cuánto tiempo te llevó escribir el libro y cómo fue el proceso creativo?
En realidad, este libro se ha estado gestando durante muchos años. Llevo leyendo a Jane Austen prácticamente toda mi vida y realicé mi doctorado en Bath, una de las ciudades con mayor documentación sobre ella y en la que vivió durante años. La base teórica, literaria y biográfica ya la tenía muy integrada.

El verdadero trabajo fue otro: destilar la esencia de su pensamiento. Preguntarme cuáles eran los valores fundamentales que atraviesan su obra, qué sigue siendo profundamente vigente hoy y de qué manera podía ayudarnos en nuestra vida cotidiana. A partir de ahí, organicé el libro en 17 temas muy concretos y prácticos. Volví a sus novelas y a su biografía con una mirada nueva, buscando escenas, decisiones y actitudes que dialogaran con cada uno de esos temas y que sirvieran de inspiración real.
Después vino un proceso intenso de escritura y reescritura, con un objetivo muy claro: no solo reflexionar, sino acompañar. Quería que cada capítulo ofreciera herramientas y ejercicios que ayudaran a los lectores a llevar esas enseñanzas a su propia vida y a sentirse un poco más libres, más conscientes y, ojalá, más felices.
¿Qué retos o dificultades encontraste durante la investigación o redacción?
El mayor reto fue encontrar el equilibrio entre el ensayo literario y la practicidad. No quería escribir un manual de autoayuda, pero tampoco un libro académico. El desafío fue mantener una voz honesta, cercana, sin simplificar ni imponer respuestas.
¿Hubo algún capítulo o temática que te resultara especialmente complicado abordar?
Sí, los capítulos relacionados con la resistencia interior y la necesidad de expresarnos como seres salvajes que somos (la libertad interior). Porque implicaban mirarme sin filtros. Escribir ahí fue incómodo, pero también liberador. Aprendí que cuando un texto cuesta, suele ser porque está diciendo una verdad necesaria y remueve heridas que debemos sanar.
¿Cuál es el mensaje principal que esperas que los lectores reciban de tu obra?
Que no estamos rotos. Que no necesitamos ser otra persona para estar bien. Que lo más importante no está fuera, está dentro. Austen nos recuerda que la transformación no siempre es espectacular; a veces es simplemente aprender a respetarnos.
Volví a leer a Jane Austen buscando consuelo, como quien vuelve a una casa conocida cuando todo lo demás se tambalea
¿Cómo pueden los valores o enseñanzas de Jane Austen aplicarse a la vida moderna?
Hay grandes valores que, en los últimos años de inmersión en la tecnología, hemos olvidado y que, al recordarlos, nos pueden hacer más felices. Por ejemplo, Austen nos enseña a no confundir intensidad con amor, ni urgencia con verdad. En nuestra sociedad actual solo nos interesa aquello que es intenso y que pasa ya, ahora mismo. No soportamos la espera ni resistimos la duda o la incertidumbre. Pero es justamente la espera y la incertidumbre aquello que nos permite vislumbrar qué sentimientos son reales y profundos, y cuáles son necesidades de satisfacer el vacío interior, el miedo al aburrimiento o a estar solos. Por otro lado, Jane Austen nos ayuda a recordar que es en el refugio de nuestra casa y en las tareas cotidianas donde pasa la mayoría de nuestra vida y donde podemos encontrar la paz.

¿Hay alguna anécdota personal que hayas incluido en el libro y que consideres especialmente significativa?
Sí. Hay una que para mí es muy reveladora. En un momento de mi vida me ofrecieron un trabajo en JP Morgan en Londres. Durante la entrevista, una de las preguntas fue qué libros tenía en mi biblioteca de casa. En ese instante entendí, con una claridad casi física, que ese no era mi lugar. No por falta de capacidad, sino porque mis referencias, mis preguntas y mis deseos estaban en otro sitio.
Al salir de la entrevista, estuve un buen rato deambulando por la ciudad, intentando ordenar lo que sentía. Entré en una librería y encontré un ejemplar precioso de una obra de Jane Austen. Fue una señal casi simbólica: una confirmación de quién era y de quién quería ser.
¿Qué tipo de público crees que puede beneficiarse más de la lectura de este libro?
El libro puede ser especialmente valioso para mujeres que sienten que hacen mucho y se permiten poco, que viven atravesadas por la autoexigencia, la culpa o la sensación de estar siempre respondiendo a expectativas ajenas. Mujeres que buscan una forma más consciente y amable de estar en el mundo, sin recetas mágicas ni discursos simplistas.
Pero también creo que puede sorprender —y mucho— a lectores hombres que, por los prejuicios con los que a menudo se ha etiquetado a Jane Austen, se han perdido su obra. La idea de la “literatura de tacitas”, del romance ligero o del cine amable ha ocultado durante años a una autora profundamente irónica, crítica y lúcida, que habló como pocas de poder, dinero, estatus, orgullo, deseo y libertad personal.
Austen no escribió solo sobre el amor: escribió sobre cómo tomamos decisiones, sobre cómo nos condiciona el entorno y sobre el precio de ser fiel a uno mismo. En ese sentido, este libro está pensado para cualquier persona lectora —mujer u hombre— que quiera mirar su vida con más claridad, más criterio propio y un poco más de valentía emocional.
¿Has recibido algún comentario de lectores que te haya emocionado o sorprendido?
He recibido muchos mensajes hermosos, pero los que más me emocionan no son los más grandilocuentes, sino los más sencillos. Personas que me dicen: “He leído este libro despacio”, “lo tengo lleno de marcas”, “lo leo por la noche, sin prisa” o “me he sentido acompañada mientras lo leía”.
Me conmueve especialmente cuando alguien me cuenta que el libro le ha ayudado a parar, a pensarse con más amabilidad o a tomar una decisión pequeña pero importante. Como escritora, sentir que un libro puede convertirse en un lugar tranquilo al que volver es, para mí, lo más valioso que puede lograr la literatura.
¿Qué consejo darías a quienes se acercan por primera vez tanto a Jane Austen como a tu libro?
Les diría que se acerquen con curiosidad y sin miedo. Que no piensen que Jane Austen es difícil, antigua o lejana. Austen habla de nosotros: de cómo amamos, de cómo nos equivocamos, de cómo aprendemos a mirarnos con más honestidad.
Mi consejo es leerla —y leer este libro— como quien inicia una conversación, no como quien busca respuestas inmediatas. Basta con dejarse acompañar y permitir que algunas ideas vayan haciendo su trabajo por dentro, poco a poco. Austen no se impone: se queda. Y con el tiempo, acaba iluminando más de lo que imaginamos.
Hay grandes valores que, en los últimos años de inmersión en la tecnología, hemos olvidado y que, al recordarlos, nos pueden hacer más felices. Por ejemplo, Austen nos enseña a no confundir intensidad con amor, ni urgencia con verdad

¿Crees que las obras de Jane Austen pueden ayudar a afrontar los retos de la vida actual?
Sin duda. Porque nos devuelven a lo esencial: la escucha, la coherencia y la valentía emocional. Austen nos enseña a pensar antes de reaccionar, a no confundir urgencia con verdad ni presión social con deseo propio.
En un mundo que nos empuja a decidir rápido y a demostrarnos constantemente, sus novelas nos recuerdan algo fundamental: que vivir bien no es complacer ni correr, sino aprender a elegir con criterio, con conciencia y con respeto hacia uno mismo. Justo lo que más necesitamos hoy.
¿Qué personaje de Austen consideras más inspirador para los tiempos que vivimos?
Sin duda, Elizabeth Bennet. Y precisamente porque no es la más guapa, ni la más complaciente, ni la más preparada de todas las mujeres que la rodean. Elizabeth no destaca por encajar, sino por ser coherente consigo misma.
Es un personaje que piensa, que se equivoca —y se equivoca de verdad—, que sabe pedir perdón y rectificar cuando comprende que ha juzgado mal. Tiene criterios éticos claros y, sobre todo, una enorme honestidad emocional. No busca agradar a cualquier precio ni adaptarse a lo que se espera de ella.
Su fuerza está en la autenticidad. Es imperfecta, contradictoria, irónica, viva. Y eso la hace profundamente inspiradora hoy, en un mundo que nos empuja a mostrarnos siempre seguras, impecables y complacientes. Elizabeth Bennet nos recuerda que la verdadera libertad no está en hacerlo todo bien, sino en no traicionarse.
Austen nos enseña a pensar antes de reaccionar, a no confundir urgencia con verdad ni presión social con deseo propio
Si Jane Austen viviera hoy, ¿qué crees que opinaría sobre nuestra sociedad?
Creo que observaría mucho y hablaría poco. Y que, con una ironía finísima, nos recordaría que seguimos cometiendo los mismos errores, solo que más deprisa.
¿Tienes pensado escribir otro libro relacionado con Jane Austen o la literatura clásica?
No lo descarto. La literatura clásica o universal es una conversación que nunca se agota. Pero ahora mismo estoy disfrutando del camino que me está abriendo este libro que ya se ha publicado en Francia y en breve se publicará también en Brasil.
¿Qué te gustaría que quedara en los lectores tras leer Cambia tu vida con Jane Austen?
Una sensación de calma y la certeza de que pueden vivir con más amabilidad hacia sí mismos.
¿En qué proyectos trabajas actualmente?
Estoy escribiendo una novela y desarrollando proyectos teatrales. Todo forma parte del mismo impulso: contar para entendernos mejor.
