Un clásico del doctor James Moores Ball, la historia de dos siglos de relación entre cirujanos, anatomistas y “resurreccionistas”
Esta historia podría parecer una ficción, pero, por desgracia, está escrita sobre hechos reales. Entre el siglo XVIII y 1832, los cirujanos británicos se enfrentaban a una paradoja tan legal como letal: la ley exigía que demostraran pericia quirúrgica, pero prohibía que diseccionaran cadáveres para obtenerla. Ningún hospital proporcionaba cuerpos; solamente los condenados a muerte los ofrecían en cantidad insuficiente. Alguien tuvo que quebrar la ley. Fueron los hombres del saco, más conocidos como ladrones de cadáveres, quienes adecuaron de manera criminal la oferta de cuerpos a la demanda.
Ladrones de cadáveres, estudio histórico de James Moores Ball traducido por Javier Fernández Rubio, recorre dos siglos de este terrible comercio clandestino que permitió que William Harvey comprobara la circulación sanguínea, sir Charles Bell revolucionara la neurología y Edward Jenner desarrollara la vacuna, pero que también condujo al cadalso tanto a saqueadores de tumbas como a cirujanos y anatomistas por una asociación criminal que impedía literalmente que ningún fallecido en el Reino Unido pudiera descansar en paz. Ball, oftalmólogo e historiador, examina cómo legisladores en Londres y Washington pusieron fin a este mercado.
La obra documenta cómo anatomistas, cirujanos y profesores de medicina obtuvieron los cadáveres que la ley les prohibía acceder legalmente. Ball reconstruye la trayectoria de estos asaltatumbas, primero desenterradores de cadáveres, después asesinos que mataban deliberadamente para proveer material de estudio. A estas consecuencias conducía la paradoja de gobiernos que exigían excelencia médica a sus facultativos sin proporcionarles los recursos necesarios.
El libro de Moores Mall narra los asesinatos famosos de Burke y Hare en Edimburgo, cuyas matanzas despertaron la indignación pública de toda Gran Bretaña y aceleraron la transformación legislativa. La Ley de Anatomía de 1832 finalmente legalizó el estudio sistemático del cuerpo humano, cerrando el ciclo de una década de delincuencia que la medicina moderna había silenciado hasta entonces. El libro alterna entre la erudición rigurosa, los retratos morales de cirujanos que hoy son épicos, y la documentación bruta de crímenes que sacudieron a la opinión pública. Es una historia de innovación médica construida sobre ilegalidad, y de cómo la ley tardó demasiado en ajustarse a la realidad.
James Moores Ball (1862-1929) fue un oftalmólogo de San Luis, Misuri, que destacó como historiador médico y coleccionista de libros raros e históricos sobre la historia de la anatomía. Durante su vida, fue conocido principalmente por ser el autor de un libro de texto completo, autorizado y popular titulado Oftalmología Moderna. Publicado por primera vez en 1904, tuvo cinco ediciones posteriores.
Ball estaba muy interesado en la historia de la anatomía y escribió dos libros sobre este tema: el primero, una biografía de Andreas Vesalio, una de las primeras en inglés, y el segundo, una historia de los profanadores de tumbas que vendían cadáveres a profesores de anatomía y cirugía con fines didácticos.
Su legado actual son los 470 volúmenes de su biblioteca personal, que se encuentran en el departamento de Archivos y Libros Raros de la Biblioteca Médica Becker de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington. Estos textos constituyen una de sus colecciones más importantes, centrada en la historia de la anatomía, que comienza con una primera edición del De Humani Corporis Fabrica de Vesalio y que contiene un buen número de volúmenes emblemáticos, relevantes y bellos, de atlas anatómicos.
