©Mireia Rodríguez
Sònia Guillén nos habla sobre La consteladora, una novela de misterio y tensión psicológica sobre secretos familiares, heridas del pasado y vínculos entre madres e hijas
¿Cómo presentarías La consteladora a alguien que todavía no sabe nada de la novela?
Le diría que es un thriller adictivo, en el que, independientemente de si conoces o no qué son las constelaciones familiares, si te parecen útiles o no, te engancharás a la historia y no podrás abandonarla.
En la novela se mezclan el thriller, el drama familiar y una dimensión casi espiritual. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre emoción, suspense y reflexión?
Soy un persona muy emocional, curiosa y, a la vez, me encanta el misterio. Mezclar emoción y suspense me resulta casi inevitable. Por otro lado, al investigar sobre las constelaciones familiares y nuevos estudios sobre la consciencia humana, inevitablemente me llevó a reflexionar sobre los vínculos afectivos, los traumas y qué pasa tras la muerte.
La maternidad aparece aquí atravesada por la culpa, la ausencia y la necesidad de reparación. ¿Qué querías explorar sobre el amor materno?
Es uno de los vínculos más fuertes para el ser humano, algo que te transforma completamente. Cuando no funciona, cuando se rompe, a veces por nuestras propias carencias o por terceras personas, el dolor es inmenso.

Uno de los grandes motores del libro es el silencio: lo que no se dice, lo que se oculta, lo que se hereda. ¿Te interesaba mostrar cómo los secretos familiares condicionan el presente?
Sí, creo que la personas heredamos de manera inconsciente traumas de nuestros padres, abuelos, etc. Yo misma me descubro asustada de que mis hijos comentan mis mismos errores o que pasen por situaciones que para mí fueron muy dolorosas. A pesar de que tu parte racional entiende que deben cometer sus propias equivocaciones, hay una parte inconsciente que quiere protegerlos de lo que ya sabemos que es malo, que surge sin darte cuenta.
Las constelaciones familiares pueden despertar curiosidad, rechazo o fascinación. ¿Qué te atrajo de ese universo como material narrativo?
No conocía las constelaciones familiares, las descubrí por casualidad y me pareció un hilo conductor original y distinto para un thriller. Como autora de ficción, tengo una idea con la que pueda crear una historia y a partir de ahí investigo, siempre desde el respeto y una mirada creativa. En este caso, me pareció una idea muy potente usar yna terapia que utiliza los traumas que heredamos, aquello que condiciona nuestro presente de manera inconsciente. Algunos de mis lectores aprenden algo nuevo, aunque solo sea por curiosidad, y sacan sus propias conclusiones.
Me gustaría que me preguntaran si La consteladora es una novela de misterio, una novela espiritual o una novela sobre el duelo. Porque mi respuesta sería que son las tres cosas
La novela plantea preguntas sobre la conciencia humana y sobre aquello que no podemos explicar del todo. ¿Hasta qué punto querías dejar espacio para la duda?
Todo el espacio posible. Desde niña me he sentido atraída por la ciencia, pero también por todo lo inexplicable. Creo que nos falta mucho por saber sobre la consciencia humana, sobre el universo, sobre nuestro origen. Y me atrae la idea de jugar con lo misterioso, con lo invisible.
La consteladora sostiene una tensión constante, pero también una carga emocional intensa. ¿Cómo trabajas el ritmo para que el suspense no eclipse a los personajes?
Creo que el secreto está en crear personajes profundos. Los lectores suelen decirme que les parecen reales, que se identifican con alguno, o ven a alguien que conocen reflejado. Si los personajes tienen vida forman parte de la trama sin perder protagonismo.
¿Qué importancia tiene para ti que el lector no solo quiera saber qué ocurrió, sino también comprender por qué ocurrió?
El suspense es el motor que hace avanzar la historia, pero las emociones son las que hacen que permanezca en la memoria del lector. Quiero que quien lea La consteladora sienta la necesidad de descubrir qué ocurrió, pero también que llegue un momento en el que el misterio deje de ser lo más importante y lo sea comprender a los personajes. Porque, igual que en la vida, los hechos rara vez son suficientes; lo que realmente nos obsesiona es entender por qué las personas hacen lo que hacen.
Creo que la personas heredamos de manera inconsciente traumas de nuestros padres, abuelos…
¿Cómo documentaste la parte relacionada con las constelaciones familiares y con los temas psicológicos o emocionales que atraviesan la historia?
Cuando decidí escribir esta historia fui a mi biblioteca a buscar todos los libros que pude sobre constelaciones familiares. Después, asistí a alguna como observadora, para entender bien el funcionamiento. De hecho, me acompañó mi hermana.
La novela habla del dolor heredado a través del tiempo. ¿Crees que la ficción puede ayudarnos a mirar heridas que en la vida real tendemos a evitar?
Creo que los humanos empezamos a inventar historias desde que fuimos conscientes de nuestra propia existencia. Es una manera de sanar, de tratar de comprender lo que nos rodea. Hay personas que usan libros, películas, videojuegos o simplemente conversaciones. En uno de mis libros decía que las páginas que escribo son como una toma de tierra, un punto donde descargo toda la tensión. Quizás, cuando alguien las lea, sean lo mismo para ellas.
¿Qué te gustaría que el lector sintiera al cerrar el libro: inquietud, consuelo, desasosiego, esperanza?
He escrito este libro con la intención de transmitir esperanza, de que el amor es una fuerza muy potente y sanadora.
Si tuvieras que elegir una imagen de la novela que resumiera su atmósfera, ¿cuál sería?
Esta pregunta es muy fácil. La portada, creada por la artista Lorena Obradors, refleja a la perfección la esencia de la novela. Cuando la vi por primera vez, sentí que había conseguido plasmar visualmente algo que yo había intentado transmitir con palabras. Esa mujer de rojo sentada en una silla, rodeada de las sillas vacías de todos los ancestros que la precedieron, simboliza el peso de la historia familiar, de las ausencias y de los vínculos invisibles que nos acompañan. Es una imagen sencilla, pero cargada de significado, que invita a preguntarse quién ocupó esas sillas antes que nosotros y cuánto de ellos sigue presente en nuestras vidas. Creo que Lorena ha creado una portada de una fuerza visual y simbólica extraordinaria.
¿Qué te han dicho los primeros lectores que te haya sorprendido o emocionado especialmente?
Me emocionan todos los mensajes. Es maravilloso que alguien destine parte de su tiempo a leerte y se tome la molestia de escribirte. Los mensajes están siendo muy bonitos: no pueden dejar de leer, pasan por toda una paleta de emociones. Una lectora muy querida me dijo que al acabarla se había sentido huérfana de libros.
Creo que los humanos empezamos a inventar historias desde que fuimos conscientes de nuestra propia existencia
¿En qué estás trabajando ahora? ¿Seguirás explorando el thriller emocional o te apetece abrir otro camino?
La creación de esta novela ha sido muy intensa a nivel emocional, cuando acabé me sentía agotada. Estoy escribiendo un nuevo thriller, pero con calma.
Para terminar: ¿qué pregunta te gustaría que te hicieran sobre La consteladora y todavía no te han hecho?
Me gustaría que me preguntaran si La consteladora es una novela de misterio, una novela espiritual o una novela sobre el duelo. Porque mi respuesta sería que son las tres cosas. Es una novela sobre la necesidad humana de encontrar sentido cuando la realidad deja de tenerlo; más que sobre la muerte, sobre cómo aprendemos a seguir viviendo.
