© Virgili Jubero
Recientemente ha publicado La venus del smartphone. La búsqueda del amor nunca ha sido tan tecnológica. ¿Cómo afecta eso a nuestras relaciones y nuestra salud mental?
Hola, Marita, bienvenida a nuestra revista; recientemente has publicado La venus del smartphone, ¿qué te inspiró para escribir el libro?
Se han escrito infinidad de artículos sobre las dating apps y existen muchos libros sobre cómo encontrar el amor en ellas, pero sentía la necesidad de hacer un ensayo que recogiera datos, declaraciones, tendencias y novedades; un texto en el que mi experiencia personal funcionara como hilo conductor para bajar la teoría al mundo real. En resumidas cuentas, quería hacer un texto con el que navegar por el amor en tiempos de Tinder de manera que pueda interesar incluso a quienes jamás han empleado una app y tienen pareja. Porque el amor nos atraviesa a todos y a todo… Y el humor, también. Para mí era esencial que hubiera también pinceladas humorísticas.
¿Hubo algún acontecimiento personal o social que te impulsó a abordar la temática de la tecnología en la sociedad actual?

Soy incapaz de encontrar el amor. Y aquí tendríamos el titular, el título de mis memorias o incluso mi epitafio. Pero no es culpa de las aplicaciones de citas; es necesario hacer una labor de reflexión y pensar que el problema no está en las apps, ni volcar en ellas todas nuestras esperanzas. Por eso he pensado que era necesario escribir un ensayo que, aunque no edulcora las cosas (encontrar el amor no es algo fácil), manda un mensaje claro: quien quiera pareja, tiene que ponerse las pilas. En las comedias románticas te enamoras del panadero, tu dentista es Mr. España y el amigo de tu hermano es encantador, pero en la vida real, hay que buscar ciertas ayudas para encontrar pareja, especialmente en un mundo en el que las condiciones de precariedad hacen que salgamos de la oficina agotados. Ese no es el mood para encontrar pareja… Y dentro de las ayuditas que existen, aunque sería mejor que las empresas pagaran sueldos dignos y ofrecieran horarios con los que la vida no fuera lo que pasa durante esa media hora en la que no trabajamos, son las dating apps. Nos gusten o no.
Los dispositivos móviles alimentan esa forma de relacionarnos vertiginosa y líquida
¿Cómo defines el papel del smartphone en la construcción de las relaciones sociales contemporáneas?
En A Sexual History of the Internet, Mindy Seu habla de la antropomorfización de las máquinas y dice que el móvil es un sex toy: con él se mandan nudes y se practica sexting, se buscan parejas… Si lo piensas, incluso vibra y es sensible al tacto. Me parece interesante esa reflexión, aunque se centra en el plano sexual. Más allá del sexo, es innegable que construye e incluso destruye relaciones. Nos comunicamos con ligues y parejas mediante WhatsApp; lo que hacemos o dejamos de hacer en redes sociales puede afectar a nuestras relaciones… Incluso quien tiene pareja tiene una trieja porque el smartphone es parte de la relación.
¿Crees que los dispositivos móviles han transformado la manera en que nos relacionamos y percibimos el entorno?
Alimentan esa forma de relacionarnos vertiginosa y líquida. Lo queremos todo YA, necesitamos ser validados constantemente y tenemos un hambre dopamínica inmensa a causa de ello. Por ejemplo, esa facilidad con la que hay quien ignora mensajes y desaparece ahora se traslada al mundo laboral, donde no es raro tener que enviar el mismo correo o propuesta cantidad de veces porque nuestro interlocutor deja de serlo para convertirse en un fantasma.
¿Qué retos sociales y éticos identificas en la era digital según tus estudios?
Tal como señala la periodista Laura G. de Rivera en Esclavos del algoritmo: Manual de resistencia en la era de la inteligencia artificial: resulta clave preguntarse quién está detrás de la programación de los algoritmos que detectan y filtran contenidos. Estos sistemas no son neutrales: reflejan los valores y perspectivas de quienes los diseñan y de los datos con los que se entrenan. Cuando la mayoría de esos procesos están en manos de hombres blancos, el sesgo no solo es previsible, sino evidente. De ahí la necesidad de incorporar, desde el origen, a más mujeres en la creación y desarrollo de aplicaciones tecnológicas, como un paso fundamental para reducir desigualdades y ampliar miradas en el entorno digital.
¿Existen riesgos evidentes para la privacidad, la identidad o la cohesión social?
Sí, pero las aplicaciones están luchando para solucionarlo. Lo que me preocupa al margen es cómo afecta a nuestra autoestima el uso de las aplicaciones de citas y, para qué negarlo, las redes sociales. La periodista Ellen Atlanta indica que la presión por alcanzar una supuesta perfección se alimenta de la necesidad de mostrar esa imagen construida mediante diferentes canales de comunicación, comparando siempre nuestra vida real con la que mostramos en el universo digital.
¿En qué aspectos la figura de “la Venus” sirve como metáfora en tu obra?
En la Venus del espejo, su reflejo es borroso, por lo que no se puede intuir quién es la personificación del amor. Esa idea es perfecta para lo que ocurre en la búsqueda de pareja e incluso en el modo en el que nos enfrentamos ahora a nuestro propio reflejo, en un mundo repleto de filtros. A ella le ayuda Cupido, a nosotras… Las aplicaciones de citas.
¿Qué paralelismos has encontrado entre los mitos clásicos y la realidad digital actual?
Comenzando por Narciso y teniendo en cuenta que hoy todos nos dejamos seducir por esas versiones editadas de nosotros mismos y emergiendo entonces ese peligro de quedarnos solos ante ese espejo, hasta cómo los mitos clásicos ensalzan ese amor absoluto en tiempos de dating apps, abrazamos esos vínculos escurridizos y descartables; creo que podemos trazar infinidad de paralelismos. Lo interesante es que siempre buscamos el amor, pase lo que pase.
¿Qué papel juega la sociología en el análisis de las nuevas tecnologías?
Es esencial no eliminar nunca la humanidad de la tecnología, y prueba de ello es que las aplicaciones de citas cuentan con sociólogos en sus equipos. En el ensayo hablo con Jessica Carbino, exsocióloga de Tinder y Bumble, que cree que las aplicaciones de citas no han cambiado fundamentalmente las relaciones, sino la forma en que las personas se conocen. Y.al hablar de la importancia de destacar la humanidad, no querría dejar de citacitarelen Fisher: “El único algoritmo real es tu cerebro”.
Los dispositivos móviles han transformado la manera en que nos relacionamos y percibimos el entorno. Nos comunicamos con ligues y parejas mediante WhatsApp; lo que hacemos o dejamos de hacer en redes sociales puede afectar a nuestras relaciones… el smartphone es parte de la relación
¿Qué aportaciones consideras relevantes para entender el cambio social desde una perspectiva académica?
Lo fundamental es no quedarse en la superficie y comprender que la forma en la que nos relacionamos mediante las aplicaciones de citas dice mucho de cómo somos, de nuestros sesgos, de nuestros miedos, de nuestras esperanzas… Por eso en el ensayo hay fuentes de todos los ámbitos, porque creo que no todo ha de ser meramente académico ni ceñirse a un único territorio. Hay quien hablar de apps, imita a hablar de aspectos de programación, quien prefiere llevarlo solo al ámbito sociológico… Intento recoger todos estos mundos e incluso relacionar los programas de Netflix de citas que son considerados por muchos dating apps que creo que son pura antropología.
¿Podrías contarnos el proceso de documentación y escritura del libro?
Me encargaron el ensayo porque llevo años escribiendo acerca de relaciones y tendencias dentro del dating. Como periodista, entrevisto a cantidad de personas al mes de diferentes sectores y cuay,do pensaba que alguna de esas figuras podía aportar algo al ensayo, reservaba siempre una pregunta de la entrevista para que su respuesta formara parte del escrito. Los ensayos son puzzles: es mágico y asfixiante intentar unir todas las piezas.
Es esencial no eliminar nunca la humanidad de la tecnología, y prueba de ello es que las aplicaciones de citas cuentan con sociólogos en sus equipos.
¿Qué fuentes y estudios sociales has consultado para fundamentar tus ideas?
Hay diferentes escritos específicos sobre dating apps, otros enfocados únicamente a los algoritmos, artículos de estilo de vida, estudios sobre sesgos de género… Como comentaba, este ensayo es un puzzle.
¿Cómo crees que los jóvenes interpretan la figura de La Venus del Smartphone?
Dicen que los jóvenes se están cansando de las dating apps, considero que haber nacido con el smartphone pegado a la mano, están abocados a emplearlas. Por eso es interesante educar en aspectos emocionales y sexuales a las nuevas generaciones, porque las pantallas pueden sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos. En nuestras manos está que sea lo mejor.
¿Qué mensaje principal te gustaría que los lectores se llevaran tras leer tu libro?
El problema no son las aplicaciones de citas, sino la manera en la que las empleamos. Estamos empeñados en acrecentar el léxico emocional, hacemos poco por ser más empáticos y por tener una mayor responsabilidad afectiva.
¿Hay algún aprendizaje o reflexión que consideres esencial?
La necesidad de que haya diversidad en quienes crean las aplicaciones y quienes las programan. Necesitamos mujeres, personas del colectivo LGTBIQA+, gente de diferentes edades, personas racializadas…
El problema no son las aplicaciones de citas, sino la manera en la que las empleamos. Hacemos poco por ser más empáticos y por tener una mayor responsabilidad afectiva
¿Qué proyectos futuros tienes relacionados con la sociología y los estudios sociales?
Sigo escribiendo para diferentes medios acerca de tendencias en el universo de las relaciones y en el mundo de la estética desde un ángulo sociológico y feminista.
¿Cómo influye la tecnología en la representación y el empoderamiento femenino?
La tecnología puede ser una herramienta de liberación, pero también un espacio donde se reproducen desigualdades. Gracias al mundo digital podemos producir y difundir discursos, cuestionar estereotipos tradicionales de género, mostrar diferentes tipologías de cuerpos y de relaciones… Pero seguimos siendo víctimas de la hipersexualización, del acoso, de la violencia… Con políticas inclusivas, educación digital crítica y por descontado, de la mano de la participación activa de las mujeres en su diseño y regulación.
