© Carlos Ruiz
Carla Montero nos cautiva de nuevo con una gran novela femenina, en la que la fuerza de una mujer única y un amor inesperado lograrán lo imposible
Hola, Carla. Bienvenida a nuestra revista. Tu última novela es La dama de la niebla, ¿qué nos puedes contar sobre ella?
La dama de la niebla es, sobre todo, una gran historia de amor. Pero lo que la hace especial es el momento, el lugar y el ambiente en el que se desarrolla. Y es que la protagonista de La dama de la niebla está basada en las historias de las primeras mujeres que compitieron en los Grandes Premios de automovilismo, que son los precursores de la actual Fórmula 1. El lector se va a adentrar por tanto en ese mundo de glamour, emoción y peligro de la alta competición de coches en la década de 1930, la llamada Era Dorada. Precisamente este momento histórico previo a la Segunda Guerra Mundial y el hecho de que el automovilismo reuniera a hombres y mujeres, jóvenes la mayoría, de todos esos países que luego se enfrentarían en el campo de batalla, me permite explorar, a través de los personajes, las relaciones humanas en un momento en el que Europa ya se veía camino del conflicto.
Además, la historia se desarrolla en el espectacular marco de la Isla de Man, que se convierte en un personaje más de la novela. La isla es para los protagonistas de La dama de la niebla un refugio, una burbuja en la que se sienten lejos de la tensión y las turbulencias del resto de mundo y de sus propias vidas. Sus bellísimos paisajes, sus tradiciones y sus leyendas van a aportar un toque íntimo, mágico y acogedor a la narración, de modo que el lector, al igual que los personajes, va a querer refugiarse en la isla de Man.
Me identifico mejor con los personajes secundarios, incluso aquellos que aparecen fugazmente como si yo misma hiciera un cameo en mis historias
¿Qué te inspira a la hora de escribir tus novelas?
Cualquier cosa, la inspiración está en todas partes. Desde un instante al mirar por la ventana de un tren, a un cuadro en un museo, a una historia que llega por casualidad, la música, la naturaleza, la gente con la que me cruzo, la situaciones que vivo, los pasajes que leo…
Los escritores somos como esponjas, siempre absorbiendo esos estímulos que alimentan nuestra inspiración, incluso a veces de forma inconsciente.

¿Hay algún personaje de tus libros con el que te identifiques especialmente?
Me identifico mejor con los personajes secundarios, incluso aquellos que aparecen fugazmente como si yo misma hiciera un cameo en mis historias. No me identifico con ningún protagonista porque deliberadamente tomo distancia de ellos para evitar que sean un calco de mí y resulten todos iguales.
¿Cómo eliges la ambientación y época para cada novela?
Procuro escoger localizaciones que aporten algo a la trama y al lector, bien porque son poco conocidas o porque, aun siendo conocidas, me enfoco en una faceta novedosa de ellas. También me gusta que la ambientación de mis historias sea envolvente, que cale en el ánimo del lector creando un sensación de confort o de repulsa según requiera la escena. Una buena ambientación es como un buen diseño de producción en una película o como un buen escenario en una obra de teatro, ayuda a sumergirte en la historia.
La época me viene dada por la historia que quiero contar y en todas mis novelas se sitúa en algún momento de la primera mitad del siglo XX.
Los escritores somos como esponjas, siempre absorbiendo esos estímulos que alimentan nuestra inspiración
¿Cuál es el libro que más te ha marcado como lectora?
Varios, pero si tengo que escoger uno, diría que Rebecca, de Daphne du Maurier. Lo leí de joven y cuando lo termine pensé que yo quería escribir una historia como esa.
¿Prefieres escribir por la mañana o por la noche?
Por la noche, con su silencio, su calma y su luz tenue.

¿Café o té mientras escribes?
Té, aunque me suelo olvidar de él y se queda frío.
¿Lugar favorito para leer?
Cualquier lugar es bueno para leer, pero el sillón de mi casa es mi preferido.
¿Una palabra que te defina como autora?
Minuciosa.
¿Libro electrónico o papel?
Papel, sin duda.
