Ha publicado ‘Agua pasada’. Un grupo pequeño de personajes en un pueblo apartado de Galicia donde se ha cometido un crimen
¿Qué te inspiró a ambientar Agua pasada en Galicia y cómo influye este escenario en el desarrollo de la trama?
Tengo una relación personal muy fuerte con Galicia. Mi mujer y toda mi familia política es de allí y yo vivo entre Galicia y Madrid. Además, se da la casualidad de que un familiar mío vive en el pueblo real de Ourense en el que me inspiré para crear Beresteira. Es un sitio idílico: cuando vas conduciendo por esas carreteras rodeadas de naturaleza y llegas a la aldea, con la mitad de sus casas abandonadas y casi derruidas desde hace décadas, la cabeza te invita a imaginar las vidas que vivieron sus pobladores. Creo que el escenario influye en la trama de forma decisiva no sólo durante la noche en la que se desarrolla la historia, sino en el pasado, que marca el presente de todos los personajes.
¿Cómo fue el proceso de documentación para reflejar fielmente la atmósfera gallega en la novela?
Como decía antes, un familiar mío vive en el pueblo que me ha servido de base para crear Beresteira. Eso me ha permitido conocer muy a fondo y de forma natural toda su vida, su pasado, sus proyectos allí. He pasado días en ese pueblo hablando con él, he dormido allí, me he empapado de las ilusiones y de los problemas, que no son pocos, de quienes lo habitan. Además, a raíz de eso, hace muchos años hice un reportaje en El HuffPost, el periódico donde trabajo, sobre pueblos que quedaron abandonados en los 60 y los 70 y que volvían ahora a la vida gracias a grupos de repobladores, lo que me ayudó también a conocer historias personales de quienes viven en ellos.
Lo importante en la vida no es hacer grandes cosas, sino ser merecedor de que alguien te recuerde con cariño cuando ya no estés
¿Qué elementos consideras imprescindibles en una novela negra y cómo los has integrado en tu obra?
La novela negra, según la entiendo yo, es un artefacto de entretenimiento que además debe tener algún trasfondo que nos haga pensar. Para la parte del entretenimiento creo que es necesario que haya un misterio, un crimen, que sirva de motor de la historia y que enganche al lector. En mi caso, he intentado plantearlo desde la primera página, con la aparición de un cadáver atado a una persona que no sabe cómo ha llegado hasta allí. Pensé que la imagen era lo suficientemente potente como para que el lector quisiera saber qué había pasado allí. Para la otra parte, la de reflexionar, he intentado tratar temas como el acoso laboral, las relaciones familiares entre padres e hijos, entre hermanos, cómo nos enfrentamos a la enfermedad y la muerte de un ser querido, el desconocimiento que solemos tener del mundo rural…

¿Los personajes principales tienen algún referente en la vida real o son completamente ficticios?
Solo hay uno que tiene una base real clara, aunque luego lo he modificado a mi antojo, que es el repoblador principal de Beresteira y que está inspirado en la vida que mi familiar lleva en ese pueblo de Ourense. Eso sí, luego el personaje se va por unos derroteros que a la persona real ni se le pasarían por la imaginación. Los demás… imagino que todos están hechos de retales de gente real, incluso de mí mismo, pero ninguno tiene un referente claro en la vida real.
¿Qué retos encontraste al construir la intriga y el suspense a lo largo de la historia?
El principal, que ha sido mi desvelo constante durante el proceso de creación y edición, es que la historia cuadrase, que no hubiese ningún cabo suelto claro, ninguna incongruencia. Luego siempre sobrevuela la duda de si en algún momento la intriga decae y el lector se va a desenganchar. Me he pasado meses luchando contra ello, intentando crear anzuelos nuevos cuando se iban desvelando misterios, para que el lector siempre tuviera incógnitas potentes que le hicieran querer seguir. Espero haberlo conseguido.
La novela negra, según la entiendo yo, es un artefacto de entretenimiento que además debe tener algún trasfondo que nos haga pensar
¿Qué mensaje o reflexión esperas que los lectores se lleven tras leer la novela?
Básicamente dos. Por un lado, que desde las ciudades muchas veces tendemos a mirar por encima del hombro al mundo rural y lo que demostramos es un desconocimiento total, como le pasa a la protagonista de la novela al inicio. Y, por otro lado, que lo importante en la vida no es hacer grandes cosas, sino ser merecedor de que alguien te recuerde con cariño cuando ya no estés.
¿Tienes previsto escribir más historias ambientadas en Galicia?
Sí. Tengo el inicio de una historia en marcha, ambientada en Galicia, pero una Galicia algo más urbana que ésta. Espero poder sacar ratos libres para poder acabarla y que alguien la crea merecedora de publicarse.
¿Cómo influye tu experiencia como periodista en la creación de tus historias de novela negra?
No me he dedicado nunca a los sucesos, así que en ese sentido no soy un gran experto en crímenes ni asesinatos. De hecho, uno de los motivos de ambientar la trama en un lugar aislado era precisamente que no pudiera entrar en juego ni la Guardia Civil ni la Policía, porque podía meter la pata fácilmente puesto que no conozco en profundidad cómo trabajan. Sí creo que mi experiencia en el ámbito de captar audiencias en periodismo me ha ayudado a la hora de tener recursos para intentar retener la atención del lector en la historia.
¿Cuál es tu rutina diaria de escritura?
Para la creación de esta novela fui muy disciplinado. Trabajé todas las noches durante casi un año antes de irme a dormir, cuando la casa ya estaba tranquila y sabía que no tendría interrupciones. En la época en la que escribí Agua Pasada mis responsabilidades en el periodismo eran menores, así que tenía algo más de tiempo que ahora. En la actualidad estoy escribiendo en ratos mucho más breves de lo que me gustaría y no todos los días, así que avanzar se hace más complicado.
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere iniciarse en el género?
Creo que todavía estoy claramente en una situación más propicia para recibir consejos que para darlos. Pero en fin, vamos allá: leer mucha novela negra, porque aprendes recursos y técnicas de forma amena, casi sin darte cuenta. Y leer otros géneros también para ser capaz de enriquecer tu historia.
¿Qué libro o autor recomendarías para entender la esencia de la novela negra?
Las tres novelas de Leo Caldas que escribió Domingo Villar: Ojos de agua, La playa de los ahogados y El último barco. Creo que reúnen lo que mencionaba antes: una intriga policial que sirve de motor y hace que no quieras parar de leer, pero a la vez trata temas muy profundos y te enseña cómo es Galicia. Y todo ello a un ritmo aparentemente sosegado que da una importancia tremenda a los silencios.
¿Cuál es el mayor reto al escribir sobre crímenes reales o ficticios?
En el caso de los ficticios creo que dos. El primero lo mencioné antes: no dejar ningún cabo suelto que haga saltar las alarmas al lector. El segundo es saber hasta dónde puedes llegar con las descripciones macabras antes de que el lector deje tu libro en la estantería con una mueca de asco y repulsa. En el caso de los reales creo que es más complicado: tienes que contar lo que ha ocurrido, las motivaciones… de una forma fiable y sin caer en el amarillismo. Ahí entran en juego personas reales, sus familias, y hay que ser conscientes de la enorme responsabilidad que supone.
Desde las ciudades muchas veces tendemos a mirar por encima del hombro al mundo rural y lo que demostramos es un desconocimiento total
¿Te consideras admirador de Agatha Christie? ¿Hay alguna novela suya que te haya marcado especialmente?
Imagino que todos los que escribimos novela negra o de misterio tenemos un referente en ella, de una forma más o menos explícita o consciente. Es casi imposible que no nos influya de alguna manera porque también ha influido en autores más modernos a los que leemos, como Mikel Santiago o Arantza Portabales. Lo mismo pasa con Patricia Highsmith. Creo que la que más me marcó fue Asesinato en el Orient Express.
¿En qué aspectos crees que Agua pasada se inspira en el estilo de Agatha Christie?
Agua Pasada se basa en un grupo reducido de personajes, en un espacio cerrado (en este caso un pueblo aislado), en el que hay un crimen y tienen que resolver la cuestión a través de deducciones. Es obvio que es la misma premisa que muchas historias de Agatha Christie. La diferencia es que aquí no hay un Hércules Poirot: es todo gente normal, sin formación detectivesca, que tiene que apañárselas como puede rascando en la psicología y el pasado de cada uno.
¿Has utilizado alguna técnica narrativa o recurso característico de Christie en tu libro?
De forma consciente no, pero de forma inconsciente imagino que sí. Quizá he ocultado ciertos detalles al lector, introducido posibles sospechas y recurrido a giros finales parecidos a los que nos tenía acostumbrados Christie. También me he servido, como ella, de un espacio cerrado y sin escapatoria para arañar en la psicología de cada personaje, para conocerlos bien.
¿Qué elementos del misterio clásico, como los que empleaba Christie, crees que están presentes en tu novela?
Creo que hay varios elementos de ese misterio clásico: hay un crimen central que se plantea en la primera hoja; hay un número limitado de sospechosos, así que el lector sabe que el culpable a la fuerza tiene que ser uno de ellos y eso provoca que haga sus cábalas; hay un espacio cerrado para que nadie pueda entrar o salir y se delimite la historia sí o sí a esos personajes; hay interrogatorios, reconstrucción de los hechos, giros finales…
¿Cómo influye el legado de Agatha Christie en tu manera de abordar la resolución de los crímenes o la construcción de los personajes?
Creo que ella ponía énfasis en el comportamiento humano a la hora de resolver los crímenes y es algo que yo he intentado hacer. Explicar por qué la gente actúa por codicia, por miedo… y hasta dónde pueden estar dispuestos a llegar por eso. He intentado dotar a los personajes de complejidad psicológica de una forma algo más parecida a autores posteriores.
