Begoña Imaz acaba de publicar ‘Historia y ciencia del perfume’. Un viaje fabuloso a través de la historia, la química, la botánica y el capricho humano en busca del origen de los perfumes
Qué ¿te motivó a escribir Historia y ciencia del perfume?
Diría que este libro surge de la necesidad de liberar una pasión que siento y que llevo cultivando toda mi vida. Yo siempre digo que vivo “a través de mi olfato”. Los aromas son la forma más intensa del recuerdo. Los recuerdos olfativos son los más duraderos en el tiempo y los que mayor capacidad tienen de despertar emociones y de evocar recuerdos en nosotros. Para mí, los aromas lo son todo, son un modo de reconocer a mis allegados, mi tierra y los parajes que visito, de sentir la cocina, de sanar y de disfrutar de la naturaleza. En mi camino de aprendizaje de plantas medicinales, mi olfato ha sido una poderosa herramienta que me ha ayudado a diferenciar especies medicinales de toxicas, a reconocer plantas y también de ayudar a curar a través del empleo de estas y de los valiosos aceites esenciales que logramos extraer de ellas.
¿Cuáles fueron las fuentes más importantes que consultaste para investigar sobre la historia del perfume?
Sinceramente me he leído y devorado todos los libros que han llegado a mis manos sobre historia del perfume escritos en castellano y en francés. Tengo que hacer especial mención a la historiadora francesa Elisabeth De Feydeau cuyos libros llegaron a mis manos visitando el palacio de Versalles hace ya dos décadas. También para conseguir acercaros en este libro recetas históricas me ha tocado “hundir mi nariz” en antiguos libros, tratados y recetarios de época. Dos especialmente relevantes por su importancia cultural e histórica son: el tratado “L’Art du parfumeur” de Fargeon, el perfumista personal de las mismísima María Antonieta, de 1801 y el valioso manual de Félix Cola de 1930, entre otros.

¿Qué descubrimiento relacionado con la química de los perfumes te resultó más sorprendente durante la elaboración del libro?
Podría decir unos cuantos, pero quizás fue el descubrimiento de los nitroalmizcles. Hoy en día los almizcles son las moléculas estrellas de la perfumería moderna porque dan duración y dan sensualidad. Antiguamente se extraían de las glándulas perianales o abdominales de ciertos animales como el ciervo almizclero macho. En el siglo XIX, el químico alemán Albert Baur descubriría “fortuitamente” los llamados “nitroalmizcles” mientras intentaba sintetizar un nuevo explosivo más potente que el TNT. Fue así como “de casualidad” se topó con una nueva molécula (3-tert-butyltoluene) de aroma similar al almizcle a la que bautizó como “Musk Baur” y que sería la primera de una serie de musk sintético que conseguirían dar el portazo de salida definitivo a todos esos fijadores de origen animal usados durante siglos.
¿Hay algún perfume histórico que consideres especialmente relevante o emblemático?
El “Agua de la Reina de Hungría”. Este “elixir “fue la primera gran campaña publicitaria de la historia del perfume. Esta agua aromática y medicinal del siglo XIV contaba una historia fabulosa y se presentó como un remedio milagroso. Según la leyenda, la reina Isabel de Hungría, de más de setenta años (muy longeva para aquella época) y aquejada de problemas de salud y dolores reumáticos, recibió un elixir de manos de un monje que le hizo rejuvenecer de forma espectacular. Esta fórmula se difundiría por todas las cortes europeas del momento y seguiría usándose durante siglos. Además de por su éxito y difusión, el agua de la reina de Hungría pasaría a la historia, por ser el elixir que marcó un importante punto y aparte en la historia de la perfumería: muchos sostienen que esta composición fue el primer perfume con una base de alcohol de la historia. Hasta entonces los perfumes se elaboraban en bases oleosas (aceites, ceras, grasas…)
Se dice que Napoleón era un gran consumidor de agua de colonia. ¿Cómo han reflejado los perfumes las modas y los cambios sociales a lo largo de la historia?
Yo siempre digo que los perfumes son “testigos silentes”; en su seno llevan la huella del perfumista que los formuló con una intención concreta, son una muestra de las materias primas naturales disponibles en la época y también del saber hacer, los conocimientos y las modas de cada momento histórico. Hubo épocas (Grecia, Roma…) en las que los baños y termas eran lugares de encuentro y de ocio, épocas en las que higiene brillaba por su ausencia y el perfume se usaba en exceso para camuflar el olor y ahuyentar la enfermedad como en el barroco… y cuanto más fuertes eran estos, mejor (almizcle, algalia, ámbar…), mientras que por, ejemplo, el conservadurismo de la era victoriana puso de moda el aroma de flores recatadas como la violeta. Los perfumes han ido evolucionando según modas, pero lo que nunca ha cambiado, ha sido la enorme importancia que siempre se le ha otorgado a nuestro sentido del olfato.
El uso de almizcle o algalia convirtió a animales en tesoros. ¿Cómo hemos pasado de esa dependencia animal a la perfumería actual?
Estas secreciones animales fueron enormemente apreciadas en el pasado, por un lado, por la fascinación que generaba su misteriosa procedencia y, por otro lado, porque su dificultad de extracción y su exotismo las convertían en productos de lujo. Otro factor que haría de ellas un bien muy preciado en perfumería es que actuaban como excelentes fijadores naturales capaces retener los aromas y dar cuerpo a las composiciones. La mayoría de estas sustancias animales son secreciones producidas por las glándulas perianales o abdominales de ciertos animales como el ciervo almizclero macho del que se extrae el almizcle, del castor del que se obtiene el castóreo o de las “civetas” de los que se extrae la conocida como algalia. La obtención de estas secreciones implicaba la irritación de las glándulas o la caza de estos animales. Sus elevados costos y la dificultad de extracción, así como por razones éticas (que pretenden evitar al sufrimiento y la extinción de estas especies) han hecho que la mayoría de ellas hayan sido sustituidas por alternativas sintéticas y / o semisintéticas como los anteriormente citados “nitroalmizcles”.
Los aromas son la forma más intensa del recuerdo. Los recuerdos olfativos son los más duraderos en el tiempo y los que mayor capacidad tienen de despertar emociones y de evocar recuerdos en nosotros
¿Qué papel jugaron la mirra y el incienso en la conexión entre Oriente y Occidente?
Como digo en mi libro “l omo el incienso, la mirra, el azafrán, la pimienta, el clavo… que llegaron a valer más incluso que el oro y, todas y cada una de ellas, se esforzaron y pelearon por controlar su comercio. Las grandes arterias comerciales de la antigüedad (la Ruta de la Seda, la Ruta de las Especias, la Ruta del Incienso…) atravesaban abruptos paisajes y fueron las primeras redes de comunicación entre lugares y civilizaciones lejanas. Acompañando a las preciadas y fragantes mercancías, iban historias, leyendas, tradiciones y nuevas ideas. Que se lo pregunten a Mahoma, seguramente fue trabajando en medio del trasiego de esas caravanas de la ruta del incienso donde debió comprender que en las alforjas de aquellos camellos podían viajar además de incienso y mirra, nuevos conceptos y religiones.
¿Por qué consideras que la mejora del alambique cambió para siempre la historia del perfume y la medicina?
Hasta entonces los perfumes líquidos eran mezclas de aceites y hierbas o pétalos con fuertes aromas y, gracias a la técnica de la destilación, se lograría obtener lo que nuestros antepasados denominaban el “alma” de las flores, esencias más concentradas y puras con las que se elaborarían composiciones mucho más delicadas. La obtención de alcohol permitió su uso como disolvente, antiséptico y como base farmacéutica para la reparación de tinturas, elixires y aguas medicinales.
¿Hay algún olor «desagradable» para la mayoría que a ti te fascine o que consideres crucial en la perfumería artística?
Al oír la palabra “desagradable” me ha venido enseguida a la cabeza el indol. El indol es una molécula que, resulta desagradable en altas concentraciones pues posee un aroma animal y fecal, pero que, en dosis bajas, se transforma en un aroma floral muy embriagador y carnal. La molécula de indol se encuentra de manera natural en las apodadas “flores narcóticas”, flores con aromas increíblemente intensos y opulentos como pueden ser la gardenia, la tuberosa, el jazmín, el ylang – ylang o el azahar. Algunas de ellas fueron en tiempos pasados repudiadas pues se decía que favorecían la libido, los orgasmos y los pensamientos lascivos. Varias de ellas poseen de forma natural precisamente la molécula de indol, responsable de ese carácter adictivo y envolvente que las caracteriza. Si os acercáis a oler una de estas flores cuando comienzan a marchitarse, podréis intuir ligeramente este aroma del que os hablo. Es una molécula muy empleada en perfumería, precisamente para dar vida a perfumes de flores blancas.
La aromaterapia, basada en el empleo seguro y eficaz de los aceites esenciales, es una herramienta terapéutica maravillosa complementaria a la medicina convencional
La química del siglo XIX permitió crear aromas sintéticos. ¿Qué ingrediente sintético consideras que revolucionó la perfumería?»
Las cumarinas. Las cumarinas fueron identificadas por primera vez de manera fortuita en las habas tonka (semillas del árbol amazónico Dypterix odorata) en 1820 y de las primeras aisladas y formuladas químicamente en 1868 por el químico William Henry Perking. Podemos decir que en este preciso instante y de la mano de las famosas cumarinas nace la perfumería moderna. Para mí como farmacéutica son especialmente relevantes, no solo por su aroma cálido, avainillado, como a heno recién cortado, sino porque también fueron la base para la síntesis de los anticoagulantes. Cuando el meliloto (trébol dulce) se enmohece, la cumarina se transforma en dicumarol, a partir del cual se desarrollaron los primeros anticoagulantes modernos como la warfarina o el acenocumarol (Sintrom).
¿Cómo influyen los compuestos químicos en la duración de un perfume sobre la piel y por qué huele distinto en cada persona?
Cada fragancia olerá distinta en cada piel, en ello influyen muchas cosas: la forma de perfumarnos, nuestra esencia, el grado de acidez, nuestro estado metabólico, la sudoración, la temperatura, la secreción sebácea… todo ello dibuja un marco único que condiciona la persistencia de un perfume. La propia estructura y composición del perfume también condicionan su estela y su longevidad. Hay perfumes que por naturaleza se diseñan para que sean livianos y frescos y otros que incorporan moléculas mucho más pesadas, que permanecen más tiempo en nuestra piel.
Begoña, ¿es la seducción olfativa una cuestión más química que artística?
Seducir es otro arte igual que la perfumería. En esto era una experta la gran Cleopatra. Los escritos refieren de ella que no era su belleza lo que conquistaba, sino su inteligencia y su manera de moverse y de expresarse. Sin embargo, Cleopatra era una gran conocedora de plantas medicinales y de aromas y sabía utilizarlas muy bien para crear atmosferas, despertar los sentidos y lograr el impacto emocional necesario; tanto es así que logro seducir a dos de los hombres más poderosos de la antigua Roma. Los escritos refieren que antes de acudir a su encuentro con Marco Antonio en Tarso, hizo rociar las velas de su barco con enormes cantidades de su perfume favorito, de tal manera que, cuando el general romano la vio llegar, pensó estar viendo a la diosa Venus.
Con la sostenibilidad en mente, ¿hacia dónde crees que se dirige la ciencia del perfume en los próximos años?
La industria de la perfumería está cada vez más comprometida con la obtención responsable de ingredientes, la reducción de su impacto ambiental, el uso de materias primas renovables y la eliminación de sustancias nocivas. Los perfumes modernos son complejas mezclas que incorporan una media de entre 40 – 60 ingredientes. En este equilibrio, aproximadamente el 60 % debería corresponder a materias sintéticas y un 30 % a ingredientes naturales. Muchas de estas “moléculas sintéticas” resultaban perjudiciales, pero ahora se está trabajando mucho en que sean toleradas y asumibles por nuestra salud y la de nuestro entorno. Hoy en día muchas de ellas, son seguras y nos permiten en cierto modo “descargar” a la naturaleza de la presión que ejercemos sobre ella. Podemos formular perfumes que incorporen moléculas sintéticas, pero también extractos botánicos. Cuando a un perfume sintético, le añadimos, aunque sea en pequeñas cantidades, extractos naturales (aceites esenciales, absolutos, resinas…), es como si le “insufláramos” vida, pues estas materias tienen la poderosa fuerza de reconectarnos con la naturaleza que les da la vida.
Seducir es otro arte igual que la perfumería. En esto era una experta la gran Cleopatra
Para alguien que quiera iniciarse en la perfumería natural/histórica, ¿cuál sería el primer ‘básico’ que debería conocer?»
Adquirir una buena base en perfumería es esencial y a veces difícil. La perfumería requiere muchos conocimientos de química; en el libro os acerco muchas cosas: qué es una nota, que es un acorde, que es la pirámide olfativa, los diferentes tipos de extractos en perfumería… para iniciarse en perfumería lo que hay que tener es ganas y paciencia. Ir educando el olfato poco a poco, ir presentándole las materias a nuestra nariz una y otra vez, probarlas, experimentar con ellas. Sin prisa, pero sin pausa, como suele decirse. Ah y algo importante, ¡ser ordenado! Un buen perfumista ha de apuntarlo todo. Cada error, cada pesada, cada ingrediente…
¿Qué perfume de los que has estudiado cree que sigue siendo relevante hoy en día?
Una joya atemporal para mi es el perfume Shalimar creado por la casa Guerlain a comienzos del siglo XX (1925). Es una fragancia oriental y exótica que guarda esa esencia tradicional de los perfumes del pasado, pero sabiendo introducir nuevas moléculas como la vainilla, la cumarina el hidroxicitronelal, el acetato de veriverilo, la metil-ionona y nuevos acordes florales. A días de hoy me sigue pareciendo digno de admiración, yo lo uso a menudo.
¿Qué recuerdo olfativo de tu infancia en Vitoria-Gasteiz dirías que definió tu pasión por la perfumería natural?
Es difícil elegir uno. Me vienen ahora mismo a la cabeza tres y bien diferentes: el aroma de los bosques de mi tierra (una mezcla de hayas y robles, con helechos, humedad, leña y un toque de salitre de nuestro mar Cantábrico), los caramelos de violeta que continúan elaborándose artesanalmente en las confiterías de mi ciudad (cada vez que los pruebo me catapultan a mi infancia) y el aroma del paseo de fragantes tilos que cada verano junto mi casa nos regalan la más delicada fragancia natural. El aroma del tilo es dulce, meloso, apaciguador…
¿Si pudieras oler el perfume personal de un personaje histórico, ¿a quién elegirías, y por qué?
Es difícil elegir, pero creo que me quedaría con María Antonieta. Creo que la historia la castigo en exceso. Fue la “cabeza de turco”, nunca mejor dicho, de una campaña de desprestigio contra la monarquía. María Antonieta tuvo a su disposición a los mejores perfumistas del París de la época. En el libro os hablo de algunas de sus perfumes favoritos y seguro que eran una delicia. En aquella época para mí la perfumería todavía conservaba esa fuerza artesanal de trabajar todo con ingredientes naturales, pero a la vez se nutría de los recientes perfeccionamientos y avances en las técnicas de perfumería.
Para mí, los aromas lo son todo, son un modo de reconocer a mis allegados, mi tierra y los parajes que visito, de sentir la cocina, de sanar y de disfrutar de la naturaleza
Para finalizar esta entrevista; Begoña, siendo farmacéutica, ¿alguna vez te han pidió un remedio y terminaste recomendándole un aroma para mejorar su estado de ánimo?
Alguna vez no, unas cuantas. La “aromaterapia”, basada en el empleo seguro y eficaz de los aceites esenciales, es una herramienta terapéutica maravillosa complementaria a la medicina convencional. Hoy en día prestigiosos laboratorios científicos y estudios rigurosos respaldan las propiedades y el potencial terapéutico de los aceites esenciales. Aceite esencial de lavanda para favorecer el descanso y la relajación, de ylang – ylang para la ansiedad y las palpitaciones, de limón para elevar el ánimo, de rosa damascena para acompañar el duelo…
