¿A qué huele la Historia? Un ensayo completo, riguroso y salpicado de curiosidades sobre la evolución del perfume a lo largo de la historia
La autora recorre el devenir de la humanidad a través de los olores que la perfumaron. Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma, Arabia… cada civilización desarrolló sus propias técnicas de extracción, sus materias primas características y sus fórmulas secretas. Cleopatra, Alejandro Magno, la Reina de Saba, todos ellos dejaron su huella aromática en el tiempo. Desde los templos de Mesopotamia y los laboratorios del antiguo Egipto hasta los mercados árabes y las cortes europeas, cada civilización desarrolló técnicas de extracción, materias primas y fórmulas que transformaron el perfume en medicina, rito sagrado, arma política y herramienta de seducción. Con el rigor de la farmacia y la sensibilidad de la perfumista, la autora rescata recetas antiguas, explica los métodos tradicionales —del macerado al alambique— y abre las viejas farmacopeas donde guanteros, boticarios y alquimistas conservaron durante siglos sus secretos.
Las sales de lavanda ayudaron a Amelia Earhart, la primera aviadora en cruzar sola el océano Atlántico, a mantener la concentración durante su vuelo en solitario de 1932
Mucho antes de que existieran los mapas políticos ya había rutas trazadas por el aroma. El incienso y la mirra cruzaron desiertos y mares; el nardo, el azafrán o el oud valieron más que el oro; y en pequeños frascos viajaban fragancias y creencias, poder y conocimiento.
¿Sabías que en las tablillas de Mari, ciudad sitiada en Siria, se recogen datos perfumísticos de interés y figura el nombre de un perfumista llamado Nùr-ili que suministraba a palacio grandes cantidades de aceite de sésamo enriquecido con mirto, ciprés y otras materias ¿Que Tapputi, que vivió en el 1.200 a.C. es considerada hoy en día por muchos la primera química y perfumista de la historia?
Napoleón, amante incondicional de los aromas, “se bañaba” en Agua de Colonia y llegaba a gastar hasta treinta y dos litros al mes
¿Y que el incienso fue durante siglos más valioso que el oro? ¿Que la egipcia fue considerada la civilización más pulcra de la Antigüedad, que hidrataban a diario la piel con aceites y ungüentos perfumados y cubrían sus afeitadas cabezas con pelucas, bajo las que colocaban unos conos de cera de abeja perfumado? ¿Que Napoleón gustaba de perfumarse con agua de colonia? ¿Que el almizcle y la algalia convirtieron a ciertos animales en tesoros vivientes? ¿O que el perfeccionamiento del alambique cambió para siempre la historia de la ciencia, la medicina y la perfumería?
Comprender cómo olía el mundo es otra forma de conocer la historia; y quizá también una invitación a reconciliarnos con la naturaleza que dio origen a todos los aromas. Begoña Imaz Fernández de Trocóniz (Vitoria-Gasteiz, 1986) es farmacéutica, herbolera y perfumista, Begoña Imaz ha desarrollado su trayectoria en la intersección entre ciencia, naturaleza y tradición. Formada en farmacia y especializada en fitoterapia, aromaterapia y perfumería natural, ha dedicado años a investigar el uso de las plantas medicinales, los aromas y sus aplicaciones históricas y culturales.
Durante su ejercicio profesional ha combinado la práctica sanitaria con la divulgación sobre el mundo vegetal y los remedios naturales. Es fundadora del proyecto divulgativo Tradición Silvestre, desde el que imparte cursos, talleres y actividades de campo sobre plantas medicinales, folklore botánico, aromaterapia y perfumería natural. También mantiene una activa labor divulgadora en redes sociales y medios de comunicación.
En 2022 publicó Herbario medicinal urbano, una obra dedicada a las plantas medicinales presentes en nuestro entorno cotidiano, y en 2024 Tradición silvestre, donde explora la relación entre naturaleza, cultura y ciclos estacionales. Su trabajo combina rigor científico, tradición herbal y una profunda sensibilidad hacia el mundo natural. Con Historia y ciencia del perfume reúne su formación científica y su pasión por los aromas para explorar el origen, la evolución y el significado cultural de la perfumería a lo largo de la historia.
Guerlain creó en 1853 una fragancia para Eugenia de Montijo con motivo de su boda, L’Eau de Cologne Impériale
“La memoria olfativa es, además de la más potente, la más resistente en el tiempo en comparación con la generada por otros sentidos. La exactitud con la que recordamos un olor al cabo de un año es del 65 %, mientras que la exactitud de los recuerdos visuales al cabo de unos meses es inferior al 50 %. Suele decirse que los humanos recordamos el 5 % de lo que vemos, el 2 % de lo que oímos, el 1 % de lo que tocamos, el 15 % de lo que probamos y el 35 % de lo que olemos. También sabemos que cuanto más nos «impacte» (para bien o para mal) un aroma, más profundamente quedará grabado en nuestra memoria. Los recuerdos con fuerte contenido emocional son los que mejor se conservan”, escribe Begoña Imaz, perfumista y autora de Historia y ciencia del perfume, que edita Guadalmazán.
