Los protagonistas parecen condenados a no entenderse. Él es un guiri. Ella odia a todos los guiris. Y el destino se ha empeñado en hacerles compartir rellano
Mudarse a Barcelona nunca estuvo en los planes de él. Sumido en una culpa que lo ahoga, decide cumplir un sueño que no es el suyo y alquilar un piso cerca de su nuevo negocio. Lo que no esperaba es que su vecina esté empeñada en hacerle la vida imposible, ni mucho menos que devolverle todo lo que ella le hace a él sea lo único que le permita volver a sentir algo.
Pero ella tampoco lo tiene fácil. Atrapada en una vida que nunca quiso, escoge dejarlo todo atrás y luchar por su sueño de convertirse en una chef de alta cocina cuando la pérdida y la rabia la sobrepasan. Mientras tanto, ve cómo el barrio en el que se crio se marchita. Siente que el turismo masivo se lo ha quitado todo: la Barcelona que ella conoce, los lugares que visitaba con la persona a la que más quería en el mundo, su local soñado e incluso el piso en el que iba a vivir.
Lo que ninguno sabe es que comparten mucho más de lo que piensan: un dolor que arrasa con todo lo que un día fueron y que les consume por dentro. Y ¿acaso no son la rabia y la culpa caras distintas de una misma moneda?
Laura K. Roma nació en un pequeño pueblo del noroeste de Cataluña, pero siempre ha sido un poco nómada. Tras una temporada en el extranjero, actualmente reside en Barcelona, la ciudad que siempre sintió como su hogar y que ha inspirado esta novela. Además de ser una ávida lectora desde muy pequeña, Laura escribió su primer fanfiction a los trece, pero nunca se atrevió a pensar en este arte como algo más que un hobby. Estudió Publicidad y Relaciones Públicas, lo que le permitió escribir a diario. Hasta que, en 2024, durante una época personal complicada, volvió a encontrar un refugio en crear sus propias historias. Tras formarse en la Escuela de Escritores, decidió saltar al vacío. Y en el proceso descubrió que, cuando de pequeña le preguntaban: «¿qué quieres hacer cuando seas mayor?» y ella respondía: «ser periodista», lo que de verdad quería decir era: «compartir mis historias con el mundo».
