Recientemente ha publicado Insumisas, la historia de la lucha de quienes a lo largo de los siglos XIX y XX se rebelaron contra los roles establecidos
Hola Manuel, bienvenido a nuestra revista. Has publicado Insumisas, ¿qué te motivó a escribir Insumisas?
Tratar de contar como la igualdad de género no es una bola de nieve que cae por su propia inercia sino que es fruto de una profunda controversia a día de hoy no cerrada, y de un proceso continuado de lucha de varias mujeres y algunos hombres por reconocer otros roles femeninos diferentes al de la esposa/madre, y reivindicar su presencia en el espacio laboral y de lo público.
¿Qué nos puedes contar sobre el libro?
También me ha servido para eliminar estereotipos y revisar situaciones con mayor conocimiento de causa, intentando contar ese largo proceso desde una visión que no es la del ‘feminismo si o no’, sino la de los derechos humanos, porque la igualdad de género y la diversidad deben ser reconocidas como tales.
¿Cuáles consideras que han sido los hitos más importantes en la evolución del feminismo?
Me ha llamado mucho la atención el escenario de conflicto de finales del XIX y principios del XX entre sufragistas burguesas que reclaman el derecho al voto frente a mujeres sindicalistas que piden salarios equiparables a los masculinos, tal y como se describe en la portada del libro. Días atrás, una lectora hacia este comentario sobre la composición: “Hoy no habría esa diferencia”, lo cual es bastante cierto…

¿Cómo crees que la sociología ha influido en el desarrollo del movimiento feminista?
Los grandes cambios han sido asumidos especialmente a finales del XX y en nuestro siglo. Porque todavía generaciones muy próximas creían en la inferioridad física y mental del género femenino, y lo consideraban una consecuencia de un hecho biológico. Cuando en realidad se trataba de hechos culturales: recibiendo idéntica educación el talento femenino es paralelo al masculino incluso en ciencias y tecnologías, lejos del ‘universo de las sensibilidades’ donde erróneamente se quiso ubicar a las mujeres.
A la luz de la historia, ¿qué lecciones cree que el feminismo actual debería aprender de las luchas del pasado?
Que nada se regala sino que se reivindica. Pero este proceso debe buscar la mayor transversalidad posible para evitar presentar a unas mujeres como ajenas al resto de la sociedad o como unas ‘excéntricas’. Que el adversario no es el género masculino sino el patriarcado, o sea el conjunto de creencias, mitos y estereotipos culturales y de poder que las han ubicado en un espacio e identidad muy concreta. Y cuyas consecuencias, más allá de la igualdad jurídica y de derechos que se ha conseguido, siguen presentes en nuestras sociedades; véase la violencia de género.
Me interesa destacar un contenido: que no se contemple al hombre como enemigo sino como posible aliado.
¿Cómo dialoga la historia del feminismo con los movimientos #MeToo y las marchas de mujeres de la última década?
Cada sociedad tiene vías distintas de manifestarse en favor de la igualdad. El ‘me too’ ha sido posible en aquellas donde un grupo de mujeres ha logrado una autonomía económica y una presencia pública para hacerse visible en torno a temas que antes se ocultaban por miedo o por vergüenza. Por eso la autonomía de las mujeres, fundamentalmente económica, y habrá que decir de las personas cualquiera que sea su género, es fundamental para poder afianzar su derecho a la libertad. Lo preocupante es la perspectiva de quienes, como ha ocurrido en la generación de nuestros padres o abuelos y todavía hoy ocurre, que han tenido que soportar situaciones de maltrato sobretodo psíquico sin posibilidad de reaccionar al depender economicamente de su pareja. En tiempos en los que la indisolubilidad del matrimonio era contemplada como absoluta prioridad, y se podía producir un doble escenario, de ‘pareja perfecta’ de puertas afuera, y de dominio, sometimiento o maltrato hacia adentro; con el trauma que podía representar no solo para ella sino para los hijos que se veían obligados a soportar como podían esa situación sin aparente salida…
¿Qué desafíos enfrenta el feminismo en este siglo XXI?
Me interesa destacar un contenido: que no se contemple al hombre como enemigo sino como posible aliado. En el libro ‘Insumisas’ se habla de mujeres de principios del XX como Carmen de Burgos que hablaba de ‘los feministas’… Pienso que cuando se produce una concentración de repulsa por un acto de violencia de género debería visualizarse una mayor presencia masculina junto a la femenina. No responde a la verdad una pancarta leída en una de esas manifestaciones: ”Los hombres matan, las mujeres mueren”. En absoluto: son los ‘valores’ del patriarcado y el discurso de “es mía y hago con ella lo que quiero’ los que deben ser rechazados. Echo en falta una mayor visibilidad de hombres en este tipo de actos reivindicativos de derechos que son para mujeres, pero también para hombres. Porque podemos vivir mejor en una sociedad igualitaria donde se revisen los viejos roles de masculinidad/feminidad y todos nos sintamos más libres para desenvolvernos. Pensemos como en poco tiempo han cambiado muchos estilos de vida en sociedades como la nuestra; hoy vemos con naturalidad a un hombre haciendo la compra, la comida o preparando biberones. Es decir, funciones antaño feminizadas y consideradas ‘inferiores’; y por lo tanto aquellos hombres que las ejercían corrían el riesgo de parecer ‘menos hombres’…
¿Qué figuras históricas destacarías por su impacto en el feminismo en España y a nivel internacional?
En el libro Insumisas hay un amplio abanico de personajes. Dentro del ámbito español sigue teniendo valor el papel de pioneras como Emilia Pardo Bazán o Carmen de Burgos. Incluso el de las poco conocidas señoras burguesas del Lyceum Club Femenino de Madrid desde 1926 y Barcelona, en 1932, hasta la guerra civil. Que vienen a constituir un prólogo a las del 27; la primera generación cultural española donde aparece un abundante número de mujeres, A su vez, preámbulo de las mujeres de la II República donde por vez primera alcanzan una presencia en el espacio social y derechos civiles, pese a no ser todavía una sociedad igualitaria tal y como hoy lo entendemos. Sorprende que de ese amplio grupo de mujeres de clase media del Lyceum en muy pocos meses, unas se expresen como conservadoras y otras aparezcan en partidos y sindicatos de izquierda; como expresión del creciente pluralismo de la sociedad española de la época. Pero hay muchas más mujeres a las que se menciona en el libro cuya trayectoria es curiosa y llama la atención, especialmente en la posguerra. No pensemos solo en las antifranquistas sino en los ‘versos suelos’, como la Condesa consorte de Campo Alange, María Laffite que en 1948 polemiza con Eugenio D’Ors que desconfía del papel de las mujeres fuera de su papel de madre/esposa y pone en entredicho su condición de creadoras.
¿Has encontrado alguna resistencia o dificultad al abordar el tema del feminismo desde una perspectiva sociológica?
Hay una que me parecía necesario superar: la repetición del estereotipo. Porque a la hora de elaborar el libro he visto que algunas mujeres pueden haber asumido los ‘valores’ del patriarcado con tanta fuerza o más que los hombres; lo que tira por tierra la falsa imagen de ‘mujer igual a sensibilidad feminista’. En España hubo personajes femeninos tan significativos como Cecilia Böhl de Faber/Fernán Caballero que no solo se oponían a libertad de cultos sino a que la mujer recibiera una educación que la podía apartar de su condición de esposa/madre. De la misma manera que en la Inglaterra de principios del XX frente a las sufragistas hubo una numerosísima representación de mujeres contrarias al voto bajo el presunto ‘argumento’ de que podía atentar contra la unidad de la familia. Por no hablar de la condición subordinada defendida por la Sección Femenina durante una larga posguerra. Porque para algunas mujeres el hecho de tener que elegir y decidir por sí mismas les proporcionaba inseguridad, lejos de la ‘confortable’ zona de dependencia y sometimiento en la que habían vivido. Como se ve en la ópera Adriana y Barbazul de Paul Dukas: cuando un grupo de mujeres son liberadas por una de sus hermanas varias prefieren seguir sometidas porque temen perder la seguridad que les proporciona su captor.
Pienso que cuando se produce una concentración de repulsa por un acto de violencia de género debería visualizarse una mayor presencia masculina junto a la femenina
¿Qué papel juegan las nuevas generaciones en la transformación del feminismo actual?
Debería ser un papel muy importante. Lamentablemente hay un sector sobre todo de jóvenes masculinos que perciben que están siendo arrinconados por ellas y se reafirman a través de discursos de un nuevo patriarcado. A la vez que se detecta un salto entre los discursos de mujeres adultas y mayores que en su momento se vieron obligadas a exigir su mayor presencia pública especialmente en la Transición y la post-Transición y aquellas que ya han vivido en realidades sociales más igualitarias. Esta nueva situación debería obligar a redefinir los nuevos discursos, para impedir que pueda haber jóvenes del género masculino que se perciban ninguneados o postergados. Es un reto no solo para el feminismo en general sino para todos aquellos que defienden libertades y derechos para todos y todas independientemente del género al que pertenecen.
¿Puedes compartir alguna anécdota o descubrimiento sorprendente que surgió durante la investigación para tu libro?
Hay muchas cosas que me han sorprendido y que quizás también puedan llamar la atención de los lectores. Y lanzo una pregunta: ¿se merecía Emilia Pardo Bazán por el hecho de ser mujer haber recibido los duros descalificativos hasta casi el vituperio que le dedican Leopoldo Alas ‘Clarín’ autor de una novela referencial como ‘La Regenta’ o Juan Valera creador de ‘Pepita Jiménez’? ¿Volveremos a leer las novelas de Alejandro Dumas, hijo, con la misma admiración tras saber que defendía ardorosamente el control de la correspondencia de las esposas por parte de los maridos, tal y como hoy lo haría quien quiere fiscalizar el móvil su cónyuge para saber con quién se ha llamado o mandado whatsapps? También hay un aspecto que puede sorprender al lector/lectora como es la descripción de los roles atribuidos a las mujeres: de la romántica del XIX al ‘ángel del hogar’, pasando por la benefactora, la ‘linterna que alumbra a la familia’, la controladora de la moral de la época victoriana…Hasta la paridora de hijos para una familia numerosa del fascismo italiano, una mujer oronda, sin maquillajes ni afeites cuya única misión en el mundo parece ser la de tener hijos y cuidar el hogar, o su versión en la Alemania de Hitler con la sana y exponente de la raza superior, la raza aria. Con un referente como Magda Goebbels en una sociedad en la que fueron expulsadas de la política, la universidad o la judicatura; en una auténtica paradoja un dama elegante y ‘rica de familia’, presentada como madre ejemplar de familia numerosa, que en 1945 se convierte en la parricida que asesina a todos sus hijos, excepto al de su primer matrimonio que ha luchado en la guerra y no está cerca…
¿Cómo ves el futuro del feminismo y qué retos consideras que siguen presentes en nuestra sociedad?
Básicamente el reto para el feminismo de hoy en día de transmitir que derechos para las mujeres debe ser entendido como derechos para todos y todas; y que los hombres también tenemos mucho que ganar en una sociedad igualitaria. A la vez que seamos capaces de revisar aquellos hábitos en nuestros estilos de vida que sean capaces de mejorar esa relación fluida mucho más allá de la vieja ‘guerra de los sexos’
La igualdad es un reto constante tanto la de género como la diversidad, y no forma parte de una campaña temporal sino de un trabajo compartido y permanente
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a quienes todavía no comprenden la importancia del feminismo?
Pienso que la igualdad es un reto constante tanto la de género como la diversidad, y no forma parte de una campaña temporal sino de un trabajo compartido y permanente.
¿Recomiendas alguna lectura o recurso adicional para profundizar en la historia y la sociología del feminismo?
Lo que recomiendo es leer a autoras que con toda dificultad decidieron salirse de los viejos ‘temas femeninos’, con novelas que se mantienen vivas a día de hoy; de Pardo Bazán a Jane Austen o las Hermanas Bronté, pasando por Virginia Wolf. Y centrándome con detalle en la larga lista de autoras españolas de posguerra que contra viento y marea buscaron una identidad como creadoras a través de las letras. Un larguísimo listado que salvo dos o tres nombres referenciales como Carmen Laforet, Ana María Matute o Martín Gaite corre el riesgo de una nueva invisibilidad.¿ ¿Quién se acuerda hoy de Concha Alós, de Elena Soriano y de tantas otras…?
Manuel, ¿cómo es tu proceso creativo desde la idea inicial hasta el manuscrito final?
Primero trazo un pequeño esquema mínimo a modo de un árbol al que voy colocando frutos para ver si la historia tiene coherencia y es capaz de aportar cierta novedad en el trazado. Porque todo trabajo significa un descubrimiento compartido, el primero de todos por mí mismo. Y en ocasiones el itinerario me obliga a rectificarme ampliando los puntos de vista para evitar maniqueísmos o lugares comunes.
¿Tienes algún ritual o hábito de escritura que sigas siempre?
Para nada creo lo de ‘escribir es sufrir’. Al contrario, disfruto con lo que hago y en cualquier momento de la vida, y no solo escribiendo o rodando. Es una actitud en la que apenas hay separación entre espacios de ocio/trabajo, lo que conlleva aspectos positivos pero también negativos: eres quien marcas el ritmo y eso a veces impone renuncias.
¿A qué público espera llegar con este libro y cuál es el mensaje principal que desea que retengan?
Creo que está pensado tanto como para lectoras como lectores, porque nos permite acompañar a lo largo de dos dilatados siglos en un camino no cerrado y desde una perspectiva española, aunque aparezcan referencias internacionales abundantes. Un itinerario en el que a diferencia de los países de la revolución industrial (Inglaterra, Francia, Estados Unidos…) donde se pide el voto en primer término, en España lo que se reclaman son las mismas oportunidades educativas para hombres y mujeres, y la primera manifestación sufragista española no aparece hasta 1921 frente a otros países como Inglaterra donde estaban presentes cuatro décadas antes en la vida pública.
