Almuzara publica El gramaje de la lluvia, de Maribel Molina Rey, una novela construida sobre la fuerza de una dinastía de libreras desde la Noruega del siglo XVIII hasta la Córdoba de los años setenta
Almuzara publica El gramaje de la lluvia, una novela de Maribel Molina Rey que tiene a dos ciudades tan distantes y distintas como Córdoba y Bergen como puntos de anclaje. Una novela neogótica de carácter histórico que enlaza dos escenarios muy distintos: la Córdoba luminosa y la lluviosa ciudad noruega de Bergen. A través de una trama que recorre varias épocas —desde comienzos del siglo XVIII hasta los años setenta del siglo XX—, la autora construye una historia sobre la memoria, los secretos familiares y la transmisión de un legado entre generaciones de mujeres.
La narración se inicia con Isabel, una joven cordobesa que, tras perder su hogar y su identidad, llega a Bergen. Allí sobrevive al gran incendio de 1702 y funda una librería con un taller de encuadernación. Ese espacio se convierte en el origen de una herencia que las mujeres de la familia Siøstrøm conservarán durante tres siglos. En el presente narrativo de Astrid y su tía Solveig, los diarios, manuscritos y libros antiguos comienzan a revelar un pasado lleno de silencios y decisiones capaces de transformar sus vidas.
Uno de los mayores atractivos de la obra es la importancia simbólica que adquieren los libros. No aparecen solo como objetos, sino como refugios de la memoria y testimonios frente al olvido. La librería y el oficio de la encuadernación representan la paciencia, el cuidado y la resistencia de quienes protegen las historias ajenas y también la propia. La presencia central de las mujeres refuerza esta idea: son ellas quienes mantienen vivo el taller, preservan los documentos y sostienen una tradición familiar marcada por la pérdida y el sacrificio.
El contraste entre Bergen y Córdoba aporta riqueza visual y emocional al relato. La humedad, la lluvia y los fiordos del norte se oponen a la luz y al calor del sur, mientras los saltos temporales amplían el misterio y permiten observar cómo las decisiones de una generación repercuten en las siguientes. Esta combinación de atmósfera, documentación histórica y secretos familiares puede resultar especialmente atractiva para quienes disfrutan de las sagas, las novelas de ambientación cuidada y las historias relacionadas con librerías y manuscritos
El gramaje de la lluvia propone una lectura sugerente sobre la fuerza de la memoria y el papel de las mujeres como guardianas de la cultura. Su principal virtud está en unir el misterio familiar con el amor por los libros y los oficios artesanos, dentro de una ambientación que conecta épocas y lugares distantes. Es una obra recomendable para lectores interesados en la novela histórica con matices góticos, protagonismo femenino y una trama construida alrededor de secretos heredados.
La pasión y experiencia de la propia autora como librera impregnan cada página de un profundo conocimiento sobre la fabricación del libro, la encuadernación y el amor por la lectura. La autora abrió en Córdoba en enero de 2023 la librería El reino de Agartha, especializada en Historia, Cartografía y Humanidades
Uno de los mayores aciertos de la novela es la construcción de sus personajes femeninos. Isabel, Astrid, Solveig y Mara no aparecen como figuras aisladas, sino como eslabones de una cadena sostenida por la memoria, el oficio y los secretos. Cada una pertenece a una época distinta y afronta pérdidas, silencios y desafíos propios, pero todas comparten una misma voluntad de preservar aquello que otras mujeres pusieron en sus manos. La transmisión del taller de tías a sobrinas refuerza la idea de una genealogía elegida: no se hereda únicamente un negocio, sino también una responsabilidad. Así, los vínculos familiares son a la vez refugio, carga y forma de resistencia.
En El gramaje de la lluvia, los libros no sirven solo como objetos de ambientación: actúan casi como personajes. Guardan huellas, esconden documentos, conectan tiempos distintos y ponen en marcha la búsqueda de la verdad. Sus cubiertas, el cuero, la tinta, el papel y las páginas deterioradas poseen una presencia física que el lector puede imaginar y casi tocar. Algunos volúmenes parecen tener voluntad propia, pues se abren, revelan o callan en momentos decisivos. De este modo, cada libro funciona como un testigo silencioso: conserva lo que las personas olvidan o prefieren no contar. La encuadernación también adquiere un valor simbólico, porque reparar un libro equivale a recomponer una historia familiar rota sin borrar las marcas que el tiempo ha dejado en ella.
La librería-taller Siøstrøm Bog-Værksted es el verdadero corazón de la novela. No es un escenario inmóvil, sino un lugar que respira, envejece y protege. La precisión con que se describen los estantes, los útiles del oficio, las encuadernaciones y la convivencia entre papel, tinta, madera, humedad y salitre hace que el espacio adquiera cuerpo. Al leer, resulta fácil imaginarse dentro del establecimiento, recorriendo sus rincones y percibiendo el olor de los materiales antiguos. La librería guarda la intimidad de la familia, pero también su historia pública: ha sobrevivido a incendios, guerras y ocupaciones, y por ello se comporta como una guardiana más del legado. En cierto sentido, las mujeres cuidan de la librería tanto como la librería cuida de ellas.
La autora trata Bergen y Córdoba con una atención que las convierte también en personajes. Bergen aparece ligada a la lluvia persistente, al mar, a los tejados oscuros, al frío y a la madera coloreada; es una ciudad húmeda, inclinada hacia el agua y marcada por la supervivencia. Córdoba aporta el reverso luminoso: el calor, la piedra, los patios y el aprendizaje artesanal del cuero. El contraste no se limita al clima. Cada ciudad propone una forma diferente de mirar el pasado y condiciona la vida de quienes la habitan. Las descripciones son sensoriales y precisas, de modo que el lector no siente que contempla un decorado desde fuera, sino que camina por sus calles, soporta la lluvia de Bergen y percibe la luz de Córdoba. Ambas ciudades quedan unidas por los viajes, los cuadernos y el oficio, como si fueran dos márgenes de una misma página.
El gramaje de la lluvia destaca por su atmósfera envolvente y por la manera en que entrelaza personajes, objetos y lugares. La intriga familiar impulsa la lectura, pero la novela deja una impresión más profunda por su homenaje a las libreras, las encuadernadoras y todas las personas que protegen la memoria escrita. Maribel Molina Rey consigue que una librería, dos ciudades y varios libros antiguos tengan tanta fuerza narrativa como sus protagonistas humanas. El resultado es una historia de secretos y resistencia en la que el pasado no desaparece: permanece entre las páginas, esperando a que alguien se atreva a abrirlas.
