© Javier Longobardo
Charlamos con la autora sobre Hambre de abolición: un manifiesto, que se publica y presenta el 7 de octubre en Madrid
Bienvenida Noemí a nuestra revista, ¿qué experiencia, reflexión o necesidad te impulsó a escribir Hambre de abolición?
Leer a diario las noticias relacionadas con la prostitución me genera indignación. Leer, por ejemplo, cómo los proxenetas captan a menores en Ceuta y las prostituyen a cambio de comida, una cama donde dormir y la promesa de conseguir papeles. Hemos normalizado como lectores las noticias constantes de detenciones de mafias que trafican con mujeres, pero considero que es hora de dejar de hacerlo.
Quiero matizar que mi manifiesto no es un tratado teórico feminista. Lo que hago es reinterpretar textos muy conocidos, desde el realismo a la modernidad, para mostrar que este tema preocupa a los escritores españoles desde hace tiempo.
¿Qué significa el título y qué representa la palabra «hambre» dentro del libro?
El título parafrasea y reinterpreta otro de David Shields: Hambre de realidad: un manifiesto (2010). El autor norteamericano, en su polémico ensayo, afirmó que el público lector siente un deseo intenso de leer textos de no ficción y yo, con Hambre de abolición: un manifiesto, reinterpreto este afán para llevarlo al debate de la prostitución y a la defensa literaria de la causa abolicionista.
¿Cómo defines la abolición de la prostitución y qué medidas concretas implicaría?
Para mí, es un deseo compartido. Llevar este deseo a la práctica supondría aprobar (¡de una vez!), leyes abolicionistas en nuestro país, aplicar políticas públicas eficaces que protegieran a las mujeres en situación de prostitución, ofrecieran recursos de salida y desincentivaran la demanda.

¿Qué diferencias estableces entre abolición, prohibición y regulación?
Hay una diferencia muy importante entre los tres modelos que podemos relacionar con quién tiene la responsabilidad penal. Muchas veces se confunde injustamente la abolición con la prohibición y no tienen nada que ver.
El modelo prohibicionista castiga a la mujer en situación de prostitución y al «cliente», es un modelo punitivista radical; el modelo regulacionista, si se cumplen las normas (la prostitución es entre adultos, y de forma voluntaria) no castiga a nadie (hecho que beneficia a los proxenetas y «clientes») y el modelo abolicionista castiga a los «clientes» y a los proxenetas. El abolicionismo nunca, nunca, nunca castiga a la mujer en situación de prostitución. El punitivismo, en el caso del modelo abolicionista, es selectivo y se dirige única y exclusivamente a la demanda.
¿Qué papel desempeñan la demanda y quienes pagan por prostitución en la persistencia del sistema?
Sin demanda no hay negocio.
¿Cómo abordas la relación entre prostitución, pobreza, migración, racismo y falta de oportunidades?
Si hay que elegir entre el hambre y la prostitución, no es esta una elección real. Benito Pérez Galdós lo cuenta muy bien en La desheredada, que es uno de los libros que comento en mi manifiesto. En la prostitución actual, según el último macroestudio sobre trata, explotación sexual y prostitución de mujeres del Ministerio de Igualdad, solo el 13% de las mujeres en situación de prostitución en España son de nacionalidad española. La gran mayoría son mujeres migrantes, pobres y racializadas.
No quiero ningún protagonismo: en mi manifiesto, dejo la interpretación en manos del lector. A partir del 7 de octubre, que es la fecha del lanzamiento del libro
¿Qué políticas públicas son indispensables para que una propuesta abolicionista no perjudique ni criminalice a las personas en situación de prostitución?
El abolicionismo ni penaliza, ni perjudica, ni criminaliza a las personas en situación de prostitución; las considera víctimas. El Estado que aplique leyes abolicionistas debe garantizar una reinserción sociolaboral adecuada para estas personas. Eso incluye rentas básicas de subsistencia, planes de empleo garantizados, pisos tutelados, cursos de formación laboral, tarjeta sanitaria, acceso a la salud mental y autorizaciones extraordinarias de residencia, entre otras medidas. La grave crisis de vivienda pública que existe en España arroja a muchas mujeres a la prostitución, y esta situación es intolerable.
¿Qué responsabilidad atribuyes al Estado, a los medios de comunicación y al sistema educativo?
España es, tristemente, uno de los principales consumidores de prostitución de Europa. El Gobierno español tiene una responsabilidad por omisión que permite que España sea un paraíso para los proxenetas. Nuestro sistema educativo, como ha mostrado el reciente informe PISA, está lleno de carencias. Una de ellas es la educación afectiva y sexual en las aulas. Los medios de comunicación están divididos.
Yo me di de baja de un periódico al que estuve suscrita durante años por publicar artículos a favor de la prostitución. En líneas generales, hay desinterés por el tema. Sin embargo, la última macroencuesta del CIS reveló que el 69% de los españoles asocia la prostitución con violencia. Si nos indignamos de forma tranquila quizás, el Estado y los medios de comunicación cambien de actitud.
¿Cómo debería evaluarse si una política abolicionista está funcionando?
Entre otros muchos factores, funciona si disminuye la demanda.
Quienes defienden la regulación sostienen que puede mejorar derechos y seguridad. ¿Cómo respondes a ese argumento?
Les pediría que lean El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, que es uno de los autores que cito en mi manifiesto.
Mi manifiesto no es un tratado teórico feminista. Lo que hago es reinterpretar textos muy conocidos, desde el realismo a la modernidad, para mostrar que este tema preocupa a los escritores españoles desde hace tiempo
¿Ha cambiado alguna de tus ideas durante la escritura o después de publicar el libro?
Mi manifiesto es un relato de parte. Yo, de los tres marcos teóricos, siempre he defendido el abolicionista porque creo que el cuerpo de las mujeres pobres no puede considerarse una mercancía. Las ideas abolicionistas no son mías, tienen una tradición teórica, mi único mérito es haber acudido a la literatura y no a la teoría feminista. Deseaba mostrarle al lector que, desde hace más de 145 años, los escritores españoles más importantes han denunciado la violencia que sufren las personas que se encuentran en situación de prostitución en nuestro país.
¿Qué conversación te gustaría que la sociedad española mantuviera a partir de esta obra?
Mi llamamiento es a firmar el manifiesto compartiendo tu opinión sobre la prostitución en España en redes sociales. Podemos ponerle la etiqueta de #debateprostitución #debateprostitucion. Esa es la forma de firmar mi manifiesto. Compartir tu opinión en redes sociales.
Yo no quiero ningún protagonismo: en mi manifiesto, dejo la interpretación en manos del lector. A partir del 7 de octubre, que es la fecha del lanzamiento del libro, comenzará el debate sobre la abolición de la prostitución en España en redes sociales. Te animo a participar en él.
Si tuvieras que resumir el manifiesto en una idea que no debería olvidarse, ¿cuál sería?
No existe consentimiento en la prostitución y los mejores escritores españoles han dejado constancia de ello.
