Añoranza

¿Qué me evoca esta foto? Me trae la añoranza de mi madre que ya no está.  Maestra por vocación durante cuarenta años. Desde siempre, incluso antes de nacer, se me ha transmitido que la escuela constituye el núcleo central y primordial de la educación; tanto en la comunidad como en la familia, por tanto, su papel como institución está enmarcado en dos direcciones una formar y la otra preparar, para lograr la formación integral del hombre para la sociedad en la cual se va a desenvolver. Así como la educación es uno de los factores que más influye en el avance y progreso de personas y sociedades.

Desde siempre me han inculcado que el derecho a la educación, es un derecho que todos los niños deberían tener en cualquier lugar del mundo. Que el olor a libros, libretas garabatadas, tiazas de colores, risas que rompen el silencio, caritas inocentes ávidas de conocimientos debería de ser un derecho inquebrantable de la niñez, pero el mundo no es justo… 

Esta foto me recuerda estas palabras de mi madre, M.ª Esther Fernández Fernández: «Prediqué mi evangelio didáctico y puse una flor de comprensión en la desgracia humana, en la incultura sin culpa, en el querer y no poder, en lágrimas inocentes. Luché contra la injusticia y la petulancia. Les di todo lo mejor de mi vida y formé aquellos niños y niñas para ser hombres y mujeres del mañana. Aquellos ojos inocentes que cada mañana al entrar en la escuela, me miraban con amor puro, y me decían: «te queremos, nunca te olvidaremos»».  

A mi modo de ver, resumen la labor que realiza la Fundación Ramón Grosso dando oportunidades, permitiendo cumplir sueños y cambiando realidades.

Autor: Sandra Ovies Fernández

Fotografía: Fundación Ramón Grosso

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